Experiencias y vivencias de un investigador Español en Alemania
Horacio’s blog
Life’s too short to learn German
Notas diversas sobre simulación, programación, biofísica, vida en Alemania y un largo etcétera
Concentrarse después de un “puente”
Después de un puente relativamente largo como el del pasado 1 de mayo, el cuerpo se acostumbra, o se ha acostumbrado a no trabajar ni hacer nada de nada. Cuando llega la reincorporación al “trabajo de oficina”, la mayoría de la gente experimenta dificultades para volver a concentrarse en lo último que estaban haciendo. Incluso si han descansado lo supuestamente necesario durante ese periodo o tiempo vacacional. Eso es lo que le sucede también a servidor. Me siento “como en frío” y necesito demasiado tiempo, cafés, quebraderos de cabeza y un largo etc hasta que logro “calentar” motores y ponerme a trabajar otra vez en el punto en el que había dejado las cosas anteriormente. A veces pienso que es un problema del que únicamente yo “sufro”. Pues veo a los demás (por lo menos aquí en Alemania) ir directamente al grano, nada más se sientan enfrente del ordenador.
Esto me precoupa, pues afecta de manera considerable a la productividad, y por tanto a mi tiempo libre. Si llegan, por ejemplo, las 7 de la tarde y veo que no he hecho nada en todo el día, entonces me dará remordimiento y volveré a la máquina de café y a intentar por enésima vez “coger el hilo” y situarme donde teóricamente debería haber estado a las ocho de la mañana o en el momento que sea que hubiese comenzado con el trabajo. Otro efecto secundario y negativo, es que puede ser que consiga concentrarme, y entonces, como veo que puedo rendir, cancele citas que tuviera o cualquier “carpe diem” mejor que estar en plena primavera encerrado en el despacho. Es una puta mierda. Es lo malo que tienen trabajos como la investigación, cuando dependes de los resultados que obtienes, y no de un horario fijo, donde sabes a que hora entras y cuando vas a salir.
Hasta el momento, la única manera que se me ocurre de “solventar” este problema, es más o menos en evitarlo. Es decir, para mi, el punto crítico es darme cuenta de que no poseo la capacidad de concentración o energía que debería tener para acomenter las tareas más complejas o necesarias que se me presentan ese día, o aquellas que voy llevando a lo largo, grandes proyectos que incluyen constancia y muchos pasos (efectivos) intermedios.
Entonces lo que hago es mirar a mi lista (infinita) de tareas pendientes y fijarme en aquellas que tienen mayor prioridad, muy baja dificultad, y muy poco tiempo para poder completarlas. Escribo una lista simple con varias de las que quiero completar, y que me puedan mantener ocupado durante una o dos horas y me pongo a ello.
Al terminar con esto, como con cosas relativamente fáciles, ya he ganado una especie de concentración, motivación y energía, que a veces me deja listo para poder “enfrentarme” a cosas “más grandes”.
De momento no conozco otro método mejor que me ayude con esto, si alguien tiene sugerencias, !que las aporte!
La aventura de convertirse en científico en España
Interesante artículo publicado hace unas semanas en eleconomista.es;
¿Qué consejo sería el más adecuado si algún día su hijo o hija le manifiesta el deseo de convertirse en investigador científico para trabajar en España? Existen dos posibles respuestas. La primera es más emocional: “Debes dedicarte a lo que te gusta, a ser el mejor científico posible”. La segunda, visto lo que hay en este país, es más inteligente: “Perfecto, pero aparte de un buen científico, cultiva las amistades y los contactos. Tienes que conseguir influencias. Sin ellas, estás perdido. Vivirás en la precariedad”.
¿Como ser un buen científico? El veredicto está en manos de la comunidad científica internacional. Al fin y al cabo, la ciencia es una herramienta que valora datos y los reproduce. Así que si uno es bueno y tiene talento científico, las revistas internacionales que publican los hallazgos científicos siempre tienen abiertas las puertas.
Puede argumentarse que también en este sentido las habichuelas se cuecen de una forma en cada caso, pero lo cierto es que existe una forma objetiva de valorar el bagaje científico de un investigador, y es por las publicaciones que logra, la calidad de la revista en que publica, y la repercusión que tiene (las publicaciones científicas tienen cada una un índice de impacto y están perfectamente valoradas dentro del circuito). La buena ciencia siempre se abre camino. La mala se queda en la cuneta.
Curriculum impresionante y chasco
Imaginemos que nuestro candidato o candidata consigue una beca para hacer el doctorado o el postdoctorado en el extranjero, y logra un buen número de publicaciones en revistas como Nature, Science, The Lancet, Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), Cell, Physics Review Letter, ect, según sea su especialidad. Con un currículum científico impresionante bajo el brazo, vuelve a España con el deseo de conseguir un trabajo digno, quizá trabajar como profesor de investigación en la Universidad o investigador en el CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas). ¿Que va a ocurrir después?
Muy probablemente, se va a llevar el chasco de su vida, opinan dos expertos consultados por Ecodiario, que se han mostrados muy críticos con la inminente y nueva ley de la ciencia en España, todavía no aprobada y en fase de borrador.
“Durante los años ochenta, nos dijeron que lo importante era investigar, convertirse en un gran científico”, nos dice Luis Rull Fernández, catedrático del Departamento de Física Atómica, Molecular y Nuclear de la Universidad de Sevilla. “Nos han engañado“.
Los casos se repiten una y otra vez. En la Universidad, gente extraordinariamente cualificada, que opta por un puesto, es sistemáticamente desplazada por otros no tan brillantes, pero más hábiles, con experiencia como gestores, con buenos amigos y padrinos. Sigue ocurriendo incluso hoy con más frecuencia, desde que hace algunos años la revista Nature levantó un escándalo al acentuar el problema de endogamia que sufre la Universidad española, un mundo donde resulta muy difícil penetrar o progresar a pesar de que tengas un centenar de excelentes artículos de investigación.
“Al amigo plata, al enemigo plomo, y al indiferente la legislación vigente“, resume Rull de manera muy gráfica. “Han seguido favoreciendo que los buenos se sigan yendo, como es el caso de Ignacio Cirac, y que casi ninguno bueno vuelva en condiciones”. Y los que lo hacen, suelen estar en condiciones precarias, sufren un acoso laboral y se les aparta, tanto en el CSIC como en las universidades.
A pesar de ello, existen excelentes catedráticos e investigadores españoles (Rull es uno de ellos y dirige un grupo de investigación de elite), muchos de ellos jóvenes que proceden del extranjero. La ciencia española ha dado un salto brutal desde hace veinte años, cualitativamente y los científicos españoles publican cada vez con mayor frecuencia investigaciones espectaculares en las mejores revistas del mundo. El problema no es que los científicos españoles sean mediocres, que no lo son. El problema se centra en lo de siempre: las enormes rigideces del sistema de ciencia e investigación en España, y la escasez crónica de dinero.
La nueva ley, solo palabras
En la nueva ley de ciencia, se recogen puntos que parecen muy razonables: la creación de una Agencia de Financiación, la contratación laboral de los investigadores por cinco años con una evaluación externa (tras la cual vendría la contratación indefinida).
Se propuso agrupar a todos los Organismos Públicos de Investigación bajo un súper-CSIC, algo que no ha prosperado finalmente. Y se desea facilitar la movilidad entre los investigadores, permitiéndoles coger excedencias para que trabajen en las empresas privadas y luego puedan retornar a sus puestos.
¿Razonables? “Bla, bla, bla“, nos dice Manuel Nieto Vesperinas, profesor de Investigación del Instituto de Ciencias de Materiales del CSIC. Un experto en fotónica y optica con una lista impresionante de publicaciones en las revistas más prestigiosas de su ramo.
“Es casi un milagro que después de la primera ley de ciencia del gobierno de Felipe González, los ministros de turno no hayan sabido acertar con lo que de verdad nos importa y preocupa a los que trabajamos en esto”, nos dice Vesperinas. Los cambios siempre son “erráticos” e “irrelevantes” para los profesores de universitarios y los científicos, algo que se está poniendo “en evidencia por estas crisis”.
Para Vesperina, es todo mero maquillaje, en un país “donde no he podido contratar a un doctor por Oxford o de París porque no tiene su título homologado. Menos mal que, como siempre, el rescate nos viene de fuera, y desde allí nos organizan lo que somos incapaces de hacer nosotros solos, con la unificación de títulos vía Bolonia”.
Otro ejemplo. Vesperinas tiene un proyecto CONSOLIDER, considerado como una iniciativa para sufragar proyectos de excelencia a los mejores investigadores, y narra que el otro día fue a cobrar la segunda anualidad del proyecto. La transferencia llegó al CSIC el pasado mes de diciembre, pero el dinero no le ha llegado a este investigador por una razón insólita: “El CSIC no lo ha apuntado”. ¿La razón? “Les falta constantemente personal en el departamento de asuntos económicos, y el que tiene trabaja a destajo y a disgusto, por los pésimos sueldos que se pagan”.
Para este experto, el borrador de la nueva ley es irrelevante. “Es todo mera burocracia, y cada vez es más viscoso para moverse administrativamente“. “Nuestra investigación es incapaz de producir transferencia tecnológica, que es lo difícil, porque la ley de incompatibilidades nos impide ser nuestros propios presidentes de empresas”.
Un ejemplo gráfico: los cambios constantes en los ministerios. En la remodelación última, el Ministerio de Educación, Ciencia e Innovación, se transforma en un ministerio de Ciencia y Tecnología por un lado, como en la época de Aznar, y de Educación (que agrupa a Universidades), por otro. “la dirección general de Investigación del MEC tardó meses en 2007 en trasladarse a la M-30, y perdieron con ello bastante documentación que afectó a la tramitación de solicitudes de proyectos. Y ahora los vuelven a trasladar. Es una pena, la desorientación de los políticos el total“.
10 razones para que investigadores españoles en el extranjero no vuelvan
Hermoso y motivante texto que me acaba de llegar y que muestra como en España, vivimos en el mejor de los mundos posibles …
Quince años de políticas variopintas para captar “cerebros”, y España sigue sin garantizar a éstos una continuidad en su país.
El ministro de Sanidad y Consumo, Bernat Soria, en una visita realizada a Suecia hace un mes se reunió con más de 30 investigadores españoles en el Instituto Karolinska de Estocolmo, un prestigioso centro de investigación biomédica que además ejerce como una de las universidades médicas más grandes y célebres de Europa.
El ministro esbozó el proyecto de retorno de investigadores españoles que está diseñando el Ministerio de Sanidad y Consumo.
Hay varias razones por las que aconsejo a estos científicos que no regresen precipitadamente a España si la única causa para tal regreso fuera la propuesta del ministro. No obstante, conviene antes hacer un poco de historia.
En el año 1992 se lanzaron por vez primera los “contratos de reincorporación de investigadores postdoctorales a España”. También se hizo una llamada a los mal denominados “cerebros” para que regresaran a la patria a hacer investigación.
Muchos regresaron convencidos de que el país se abría a la contratación de investigadores. No fue así. Los contratos duraban tres años como máximo, y sólo si el director de investigación al que se adscribían tenía un proyecto de investigación concedido.
Cuando dejaba de tenerlo, el “cerebro” pasaba al paro. Y si el director disponía de otro proyecto varios meses después, el “cerebro” era recontratado. Esta situación acabó con la paciencia de muchos, que abandonaron definitivamente la investigación, ya que tras sumar los tres años de contratación total pasaban directamente al paro al no haber sido diseñado un plan de plazas de investigadores en las universidades o en el CSIC.
Otros “cerebros” que regresaron a España, fueron contratados en alguno de los hospitales del Sistema Nacional de Salud. Para ello, el hospital pagaba una parte y el Fondo de Investigación Sanitaria el resto.
Así durante 6 años, con un salario bastante bajo, escasamente superior a los 1000 euros al mes. Hace un par de años estos investigadores, han finalizado sus contratos: algunos han sido recontratados a bajo sueldo por el propio hospital y otros han pasado al paro. Varios abandonarán la investigación si encuentran un trabajo mejor.
Hace pocos años se diseñó el plan de contrataciones Ramón y Cajal, como una mejora de los contratos de reincoporación de 1992. Ahora duran cinco años y no dependen de que el director de investigación al que el “cerebro” se adscribe tenga o no un proyecto de investigación concedido en un determinado momento, ya que la financiación se concede directamente al investigador contratado, al “cerebro”.
En breve iremos viendo cuál es el futuro de estos investigadores: ¿serán verdaderamente contratados por las universidades, el CSIC u otros centros de investigación cuando el MEC deje de pagar los contratos Ramon y Cajal? ¿Se han creado plazas específicas para ellos?
¿Existe un modo de valorar su carrera profesional? Nadie responde con claridad a estas preguntas en la administración. Si algunos encuentran empleo será por el buen hacer de su propia universidad o de otra, pero las garantías de que todos aquellos que han trabajado correctamente encuentren empleo son mínimas.
España no ha profundizado a nivel político sobre la importancia de la investigación científica en términos de contratación de personal. Los políticos hablan mucho de investigación, tal vez demasiado, pero no concretan cómo hay que financiar los recursos humanos, verdaderos agentes activos de la investigación.
Tras 15 años de políticas variopintas para la captación de “cerebros de investigación” España sigue sin garantizar el futuro de éstos una vez en su tierra.
Paso a dar diez razones (hay muchas más) para aconsejar a las nuevas promociones de científicos postdoctorales españoles que sigan en sus puestos mientras puedan y sólo regresen si no hay más remedio y amarrando todos los cabos posibles, porque, de otra manera, con la simple confianza en el gobierno de turno, no prosperarán ni laboral ni científicamente.
1. España no ha diseñado una carrera científica. Los “cerebros” que retornen han de saber que las universidades les contratarán como docentes, despreocuparándose, en general, por sus quehaceres investigadores, exigiéndoles únicamente el cumplimiento de la docencia. Sólo el CSIC ha diseñado una carrera científica. Los investigadores que llegan del extranjero son, por ello, difícilmente contratables en la universidad, o en hospitales si realizan investigación biomédica. Además la promoción posterior es inexistente.
2. Oposiciones frustradas a plazas en la Universidad . Quienes sólo se hayan dedicado a investigar, y no a enseñar formalmente, no podrán opositar a puestos de profesor titular o catedrático, por mucho curriculum vitae que lleven a sus espaldas, ya que la función docente documentable, por escasa o inexistente, les impedirá ser incluso baremados como candidatos a tales puestos por parte de la actual ANECA (Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación).
En otras palabras, España trata a este colectivo como “investigadores no docentes”, aunque se pasen la vida enseñando cómo investigar y dando conferencias con sus novedosos resultados.
En nuestro país un premio Nobel no llegaría a catedrático si sólo hace investigación y no da clases de alguna asignatura de licenciatura. Y esta norma se ha seguido al pie de la letra durante décadas, por no decir siglos, a fin de introducir en el sistema a mediocres “docentes no investigadores”, impidiendo la entrada de investigadores de calidad que podrían en poco tiempo adaptarse a la docencia y contribuir con su investigación a incrementar el nivel de producción científica de nuestras universidades.
3. Exceso de carga docente. La carga docente en la universidad es habitualmente pesada y tediosa, y los “cerebros” que se encuentran en el extranjero, en general, desean investigar. Al regresar a España, si se les explota excesivamente con la docencia, suelen rebelarse y los problemas comienzan. Por otra parte, si no se les da ninguna carga docente se encuentran en la situación descrita en el punto anterior, lo cual a la larga podría ser peor, cuestionándose incluso desde la propia universidad si tal o cual “investigador no docente” debe continuar en el puesto que ocupa.
4. Dificultad para formar un grupo investigador. Aún cuando encuentren un puesto como investigadores en algún instituto de nueva creación o en algún centro del CSIC, que no en la universidad, los “cerebros” tendrán muy difícil formar su propio grupo de investigación al estilo del que ellos conocen en otros países, ya que, en general no recibirán personal adscrito bien formado, sino, a lo sumo algún becario para hacer la tesis doctoral bajo su dirección y después abandonar el grupo. Esta realidad no mejora con el tiempo, sino que se cronifica y año tras año logra minar la ilusión científica de gran número de investigadores de nuestro país.
5. Escasa o nula financiación básica. España no otorga, ni siquiera a sus mejores investigadores, una mínima cantidad de dinero anual para poder investigar. Es cada jefe de grupo quien debe solicitarlo al Ministerio, explicando en largos y tediosos documentos lo que quiere hacer, lo que ha hecho en el pasado, su historial de publicaciones científicas, etc.
En estos menesteres gasta el “cerebro” la mayor parte de su energía, sin ayuda de personal de secretaría de ningún tipo, lo cual le hará sentir que pasa demasiado tiempo pegado al ordenador y no pensando precisamente en experimentos científicos sino en cómo conseguir el dinero que necesita para realizar su propio trabajo.
¿Saben Vds. de algún otro trabajo en que se trabaje para conseguir el dinero con el que hay que comenzar a trabajar? ¿Y si a pesar de todo no se consigue? Así es la vida del investigador universitario. Cualquier ingeniero que hace investigación, sin embargo, por estar asociado a empresas patrocinadoras, puede plantearse objetivos más concretos, ya que existe una mínima financiación estable, consiga él dinero o no.
6. Exceso de burocracia en los procesos de investigación. La propia institución de investigación, sea el CSIC o las universidades, por un exceso de burocratización y sin mala fe en muchos casos, o con mala fe en otros, puede llegar a impedir al investigador que realice parte de esas peticiones económicas a las agencias de financiación, así como la entrada de becarios o el establecimiento de colaboraciones científicas con otras instituciones. Sin entenderlo, por tanto, no es raro que el investigador sienta que la propia institución donde trabaja no le facilita, sino lo contrario, su labor de búsqueda de financiación y personal adscrito bajo su dirección.
7. No se contratan investigadores fuera de los puestos de funcionarios: profesores titulares o catedráticos. Normalmente en España se dirige un grupo de investigación o se hace la tesis en él, para luego abandonarlo. No hay forma de contratar a un postdoctoral con experiencia que no quiera dirigir un grupo. Las “capas intermedias” no existen. No hay dinero para contratar a personal cualificado de forma permanente.
Esto supone un gran riesgo para los laboratorios: los directores no disponen de gente cualificada y ven con tristeza cómo ellos mismos van quedando desfasados de lo que un día hicieron. La calidad de la investigación de sus grupos puede ir disminuyendo progresivamente.
8. La productividad científica no se ve recompensada en España. Sólo se evalúa desde el Ministerio el crecimiento curricular de los profesores funcionarios (profesores titulares y catedráticos). El resto de profesores españoles son injustamente olvidados, produzcan lo que produzcan, incluso si producen más o mejores resultados que algunos de los profesores titulares y catedráticos. Simplemente no se les pagará nada extra por ello. Y si producen poco, tampoco se les penalizará.
9. Falta de personal técnico o de apoyo. Lo normal es que el investigador haga todo lo que tiene que hacer él solo: pedir fondos, rellenar folios y folios cada año con solicitudes, justificaciones, inventarios, facturas; buscar bibliografía publicada, escribir artículos dominando los programas informáticos existentes para ello; hacer fotografías o dibujos explicativos para incorporar a las publicaciones (hay que ser casi un experto del Photoshop o programas similares); dirigir a los becarios predoctorales de su grupo de investigación; atender las cuestiones que vengan de su Facultad o centro de investigación…
En fin, poco tiempo le queda para investigar (pensar, discutir con otros, releer temas de contraste) con serenidad. El investigador español pierde mucho tiempo por no disponer de ayuda suficiente a nivel de secretaría fundamentalmente.
10. Un conjunto de diferentes razones como las líneas de investigación prioritarias cambiantes cada poco número de años; la baja consideracion social, laboral y económica del investigador; la injusticia curricular que normalmente ha desfavorecido a quienes eran originales, inteligentes y sabían hacer sin dar demasiada lata; las célebres y nuevas inhabilitaciones a priori, según las cuales no se permite solicitar dos proyectos a la vez como investigador principal, perdiéndose los dos sistemáticamente al solicitarlos incluso por error; y muchas otras razones me obligan a recordar a estos jóvenes investigadores que el científico en España difícilmente puede llegar a realizar una investigación seria, competetitiva y con utilidad.
Además se cronifica como un ser en minoría de edad, bajo salario, becario permanente, sin fijeza en el trabajo, a la caza constante de dinero para investigar, finalizando todo ello casi siempre en la génesis de un ser desanimado, con pérdida de autoestima, por no decir solitario, taciturno, cansado de la vida (de la profesional al menos).
Pero muchos siguen adelante: el científico no sólo investiga por vocación, o por gusto, o por obligación desde instancias superiores (aunque nadie le obliga, ciertamente), sino también y sobre todo si lleva años investigando, por voluntad cajaliana con el convencimiento de que, a pesar de los obstáculos que el sistema español de ciencia y tecnología le pueda poner, unidos a los creados por su propio lugar de trabajo, él tiene una misión en esta vida y, humildemente, tiene que llevarla a cabo.
Javier Sáez Castresana dirige la Unidad de Biología de Tumores Cerebrales en la Universidad de Navarra. Ha trabajado anteriormente en el Instituto Karolinska (1988-1990), la Universidad de Harvard (1990-1992), y el CSIC (1992-1997).
¿Jóvenes bien preparados?
Interesante entrada procedente del Diario de León, en respuesta a un artículo aparecido hace unas semanas en El País, donde se comentaba que España posee ahora mismo los jóvenes mejor preparados de la historia. Que cada uno/a saque sus propias conclusiones. Incluso sin haber leído ninguno de los dos artículos.
2010 Horacio
