Experiencias y vivencias de un investigador Español en Alemania
Horacio’s blog
Life’s too short to learn German
Notas diversas sobre simulación, programación, biofísica, vida en Alemania y un largo etcétera
30.000 científicos españoles denuncian la casi nula inversión en I+D en 2009
Noticia aparecida en elmundo.es;
Más de 30.000 científicos, agrupados en la Confederación de Asociaciones Científicas de España (COSCE) han denunciado el crecimiento, prácticamente nulo, de los recursos destinados a la investigación científica en los Presupuestos Generales del Estado 2009. Según un informe de sus expertos, la subida es de un 2,5%, frente al 16% previsto en el VI Plan Nacional de I+D+i, vigente hasta 2011.
De esos fondos, además, la subida más importante se produce en el apartado de créditos reembolsables, que aumentan un 5,7%, mientras que las subvenciones -las más utilizadas por los investigadores- bajan un 1,5%. Por otro lado, también disminuyen un 17% los fondos de las convocatorias públicas, si bien, como recuerda el presidente de COSCE, Joan Ginovart, “buena parte de esta partida ya está adjudicada a proyectos concretos”.
Este año, el Plan E contra la crisis, reconoce Ginovart que ha paliado, en cierto modo, la falta de recursos para los investigadores, si bien se teme que el próximo año la situación se mantenga, y sin ningún Plan E de propina.
En todo caso, reconocía a elmundo.es que “es una contradicción que se diga que la investigación y la innovación son un eje fundamental para salir de la crisis económica y luego se bajen los recursos“.
Un segundo informe analiza el borrador de la Ley de la Ciencia que prepara el Gobierno, en el que detectan algunos fallos importantes: “Está bien que se eliminen los escollos presentes en más de 40 leyes que dificultan el trabajo científico, pero es timorata en cuanto a la eliminación de todas las trabas y, además, entra en detalles que no deberían figurar en la ley”, afirma Ginovart.
La COSCE ya ha entragado el informe al secretario de Estado de Investigación, Carlos Martínez, y a los parlamentarios de diferentes partidos políticos
10 razones para que investigadores españoles en el extranjero no vuelvan
Hermoso y motivante texto que me acaba de llegar y que muestra como en España, vivimos en el mejor de los mundos posibles …
Quince años de políticas variopintas para captar “cerebros”, y España sigue sin garantizar a éstos una continuidad en su país.
El ministro de Sanidad y Consumo, Bernat Soria, en una visita realizada a Suecia hace un mes se reunió con más de 30 investigadores españoles en el Instituto Karolinska de Estocolmo, un prestigioso centro de investigación biomédica que además ejerce como una de las universidades médicas más grandes y célebres de Europa.
El ministro esbozó el proyecto de retorno de investigadores españoles que está diseñando el Ministerio de Sanidad y Consumo.
Hay varias razones por las que aconsejo a estos científicos que no regresen precipitadamente a España si la única causa para tal regreso fuera la propuesta del ministro. No obstante, conviene antes hacer un poco de historia.
En el año 1992 se lanzaron por vez primera los “contratos de reincorporación de investigadores postdoctorales a España”. También se hizo una llamada a los mal denominados “cerebros” para que regresaran a la patria a hacer investigación.
Muchos regresaron convencidos de que el país se abría a la contratación de investigadores. No fue así. Los contratos duraban tres años como máximo, y sólo si el director de investigación al que se adscribían tenía un proyecto de investigación concedido.
Cuando dejaba de tenerlo, el “cerebro” pasaba al paro. Y si el director disponía de otro proyecto varios meses después, el “cerebro” era recontratado. Esta situación acabó con la paciencia de muchos, que abandonaron definitivamente la investigación, ya que tras sumar los tres años de contratación total pasaban directamente al paro al no haber sido diseñado un plan de plazas de investigadores en las universidades o en el CSIC.
Otros “cerebros” que regresaron a España, fueron contratados en alguno de los hospitales del Sistema Nacional de Salud. Para ello, el hospital pagaba una parte y el Fondo de Investigación Sanitaria el resto.
Así durante 6 años, con un salario bastante bajo, escasamente superior a los 1000 euros al mes. Hace un par de años estos investigadores, han finalizado sus contratos: algunos han sido recontratados a bajo sueldo por el propio hospital y otros han pasado al paro. Varios abandonarán la investigación si encuentran un trabajo mejor.
Hace pocos años se diseñó el plan de contrataciones Ramón y Cajal, como una mejora de los contratos de reincoporación de 1992. Ahora duran cinco años y no dependen de que el director de investigación al que el “cerebro” se adscribe tenga o no un proyecto de investigación concedido en un determinado momento, ya que la financiación se concede directamente al investigador contratado, al “cerebro”.
En breve iremos viendo cuál es el futuro de estos investigadores: ¿serán verdaderamente contratados por las universidades, el CSIC u otros centros de investigación cuando el MEC deje de pagar los contratos Ramon y Cajal? ¿Se han creado plazas específicas para ellos?
¿Existe un modo de valorar su carrera profesional? Nadie responde con claridad a estas preguntas en la administración. Si algunos encuentran empleo será por el buen hacer de su propia universidad o de otra, pero las garantías de que todos aquellos que han trabajado correctamente encuentren empleo son mínimas.
España no ha profundizado a nivel político sobre la importancia de la investigación científica en términos de contratación de personal. Los políticos hablan mucho de investigación, tal vez demasiado, pero no concretan cómo hay que financiar los recursos humanos, verdaderos agentes activos de la investigación.
Tras 15 años de políticas variopintas para la captación de “cerebros de investigación” España sigue sin garantizar el futuro de éstos una vez en su tierra.
Paso a dar diez razones (hay muchas más) para aconsejar a las nuevas promociones de científicos postdoctorales españoles que sigan en sus puestos mientras puedan y sólo regresen si no hay más remedio y amarrando todos los cabos posibles, porque, de otra manera, con la simple confianza en el gobierno de turno, no prosperarán ni laboral ni científicamente.
1. España no ha diseñado una carrera científica. Los “cerebros” que retornen han de saber que las universidades les contratarán como docentes, despreocuparándose, en general, por sus quehaceres investigadores, exigiéndoles únicamente el cumplimiento de la docencia. Sólo el CSIC ha diseñado una carrera científica. Los investigadores que llegan del extranjero son, por ello, difícilmente contratables en la universidad, o en hospitales si realizan investigación biomédica. Además la promoción posterior es inexistente.
2. Oposiciones frustradas a plazas en la Universidad . Quienes sólo se hayan dedicado a investigar, y no a enseñar formalmente, no podrán opositar a puestos de profesor titular o catedrático, por mucho curriculum vitae que lleven a sus espaldas, ya que la función docente documentable, por escasa o inexistente, les impedirá ser incluso baremados como candidatos a tales puestos por parte de la actual ANECA (Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación).
En otras palabras, España trata a este colectivo como “investigadores no docentes”, aunque se pasen la vida enseñando cómo investigar y dando conferencias con sus novedosos resultados.
En nuestro país un premio Nobel no llegaría a catedrático si sólo hace investigación y no da clases de alguna asignatura de licenciatura. Y esta norma se ha seguido al pie de la letra durante décadas, por no decir siglos, a fin de introducir en el sistema a mediocres “docentes no investigadores”, impidiendo la entrada de investigadores de calidad que podrían en poco tiempo adaptarse a la docencia y contribuir con su investigación a incrementar el nivel de producción científica de nuestras universidades.
3. Exceso de carga docente. La carga docente en la universidad es habitualmente pesada y tediosa, y los “cerebros” que se encuentran en el extranjero, en general, desean investigar. Al regresar a España, si se les explota excesivamente con la docencia, suelen rebelarse y los problemas comienzan. Por otra parte, si no se les da ninguna carga docente se encuentran en la situación descrita en el punto anterior, lo cual a la larga podría ser peor, cuestionándose incluso desde la propia universidad si tal o cual “investigador no docente” debe continuar en el puesto que ocupa.
4. Dificultad para formar un grupo investigador. Aún cuando encuentren un puesto como investigadores en algún instituto de nueva creación o en algún centro del CSIC, que no en la universidad, los “cerebros” tendrán muy difícil formar su propio grupo de investigación al estilo del que ellos conocen en otros países, ya que, en general no recibirán personal adscrito bien formado, sino, a lo sumo algún becario para hacer la tesis doctoral bajo su dirección y después abandonar el grupo. Esta realidad no mejora con el tiempo, sino que se cronifica y año tras año logra minar la ilusión científica de gran número de investigadores de nuestro país.
5. Escasa o nula financiación básica. España no otorga, ni siquiera a sus mejores investigadores, una mínima cantidad de dinero anual para poder investigar. Es cada jefe de grupo quien debe solicitarlo al Ministerio, explicando en largos y tediosos documentos lo que quiere hacer, lo que ha hecho en el pasado, su historial de publicaciones científicas, etc.
En estos menesteres gasta el “cerebro” la mayor parte de su energía, sin ayuda de personal de secretaría de ningún tipo, lo cual le hará sentir que pasa demasiado tiempo pegado al ordenador y no pensando precisamente en experimentos científicos sino en cómo conseguir el dinero que necesita para realizar su propio trabajo.
¿Saben Vds. de algún otro trabajo en que se trabaje para conseguir el dinero con el que hay que comenzar a trabajar? ¿Y si a pesar de todo no se consigue? Así es la vida del investigador universitario. Cualquier ingeniero que hace investigación, sin embargo, por estar asociado a empresas patrocinadoras, puede plantearse objetivos más concretos, ya que existe una mínima financiación estable, consiga él dinero o no.
6. Exceso de burocracia en los procesos de investigación. La propia institución de investigación, sea el CSIC o las universidades, por un exceso de burocratización y sin mala fe en muchos casos, o con mala fe en otros, puede llegar a impedir al investigador que realice parte de esas peticiones económicas a las agencias de financiación, así como la entrada de becarios o el establecimiento de colaboraciones científicas con otras instituciones. Sin entenderlo, por tanto, no es raro que el investigador sienta que la propia institución donde trabaja no le facilita, sino lo contrario, su labor de búsqueda de financiación y personal adscrito bajo su dirección.
7. No se contratan investigadores fuera de los puestos de funcionarios: profesores titulares o catedráticos. Normalmente en España se dirige un grupo de investigación o se hace la tesis en él, para luego abandonarlo. No hay forma de contratar a un postdoctoral con experiencia que no quiera dirigir un grupo. Las “capas intermedias” no existen. No hay dinero para contratar a personal cualificado de forma permanente.
Esto supone un gran riesgo para los laboratorios: los directores no disponen de gente cualificada y ven con tristeza cómo ellos mismos van quedando desfasados de lo que un día hicieron. La calidad de la investigación de sus grupos puede ir disminuyendo progresivamente.
8. La productividad científica no se ve recompensada en España. Sólo se evalúa desde el Ministerio el crecimiento curricular de los profesores funcionarios (profesores titulares y catedráticos). El resto de profesores españoles son injustamente olvidados, produzcan lo que produzcan, incluso si producen más o mejores resultados que algunos de los profesores titulares y catedráticos. Simplemente no se les pagará nada extra por ello. Y si producen poco, tampoco se les penalizará.
9. Falta de personal técnico o de apoyo. Lo normal es que el investigador haga todo lo que tiene que hacer él solo: pedir fondos, rellenar folios y folios cada año con solicitudes, justificaciones, inventarios, facturas; buscar bibliografía publicada, escribir artículos dominando los programas informáticos existentes para ello; hacer fotografías o dibujos explicativos para incorporar a las publicaciones (hay que ser casi un experto del Photoshop o programas similares); dirigir a los becarios predoctorales de su grupo de investigación; atender las cuestiones que vengan de su Facultad o centro de investigación…
En fin, poco tiempo le queda para investigar (pensar, discutir con otros, releer temas de contraste) con serenidad. El investigador español pierde mucho tiempo por no disponer de ayuda suficiente a nivel de secretaría fundamentalmente.
10. Un conjunto de diferentes razones como las líneas de investigación prioritarias cambiantes cada poco número de años; la baja consideracion social, laboral y económica del investigador; la injusticia curricular que normalmente ha desfavorecido a quienes eran originales, inteligentes y sabían hacer sin dar demasiada lata; las célebres y nuevas inhabilitaciones a priori, según las cuales no se permite solicitar dos proyectos a la vez como investigador principal, perdiéndose los dos sistemáticamente al solicitarlos incluso por error; y muchas otras razones me obligan a recordar a estos jóvenes investigadores que el científico en España difícilmente puede llegar a realizar una investigación seria, competetitiva y con utilidad.
Además se cronifica como un ser en minoría de edad, bajo salario, becario permanente, sin fijeza en el trabajo, a la caza constante de dinero para investigar, finalizando todo ello casi siempre en la génesis de un ser desanimado, con pérdida de autoestima, por no decir solitario, taciturno, cansado de la vida (de la profesional al menos).
Pero muchos siguen adelante: el científico no sólo investiga por vocación, o por gusto, o por obligación desde instancias superiores (aunque nadie le obliga, ciertamente), sino también y sobre todo si lleva años investigando, por voluntad cajaliana con el convencimiento de que, a pesar de los obstáculos que el sistema español de ciencia y tecnología le pueda poner, unidos a los creados por su propio lugar de trabajo, él tiene una misión en esta vida y, humildemente, tiene que llevarla a cabo.
Javier Sáez Castresana dirige la Unidad de Biología de Tumores Cerebrales en la Universidad de Navarra. Ha trabajado anteriormente en el Instituto Karolinska (1988-1990), la Universidad de Harvard (1990-1992), y el CSIC (1992-1997).
Gobierno y farmacéuticas acuerdan la mayor inversión en I+D de España
Noticia publicada en abc. Esperemos con los dedos cruzados (y ojalá que no sea mucho):
Con la solemnidad de los grandes acontecimientos, el ministro de Sanidad, Bernat Soria, anunció ayer el compromiso de la industria farmacéutica con el Gobierno para actuar como motor de la economía en mitad de una profunda crisis. «Hoy el país recibe una excelente noticia», dijo al anunciar el Plan Sectorial de la Industria. Como adelantó ayer ABC, este proyecto ofrece una inversión en investigación que crecerá hasta los 3.600 millones de euros, más medicamentos innovadores en el mercado, competitividad internacional y la garantía de no destruir empleo. Se trata de la mayor inversión en investigación realizada en España.
«La sociedad está en estado de «shock» por la crisis y debemos demostrar que hay alternativas de futuro», dijo el presidente de Farmaindustria, Jesús Acebillo, en presencia de los presidentes de una decena de presidentes de laboratorios.
Los mayores éxitos del 2008 en Nanotecnología
En el pasado año se han producido grandes descubrimientos en Nanotecnología. Aquí se muestra una selección de los más relevantes, considerados por la revista NewScientist.
Cuando nos acercamos a escalas del orden de magnitud de la billonésima de metro, incluso los más simples y conocidos materiales pueden mostrar propiedades sorprendentes. Algunas como adhesión y absorción pueden intensificarse varios ordenes de magnitud si se encuentra la estructura a la nanoescala adecuada. En el 2008 muchos ingenieros la encontraron.
Estructuras en forma de cables entrelazados de óxido de manganeso (como las de la figura anterior) fueron transformadas en un tejido capaz de absorber aceite sin absorber una sola gota de agua.

El mismo material, con un diferente patrón estructural, es capaz de repeler completamente el agua, monstrándose seco incluso después de haber estado dos meses sumergido, como se muestra en la figura anterior (imagen procedente de la Universidad de Zürich).
Se desarrolló otro material que imita el encontrado en las patas de lagartija, el cual le permite adherirse a las paredes con una gran fuerza. El material sintético es unas 10 veces más adhesivo que el original. En la figura anterior se puede observar una comparativa entre la estructura natural de la lagartija y la sintetizada.
Fuentes alternativas de energía
El año pasado también se obtuvieron ideas muy buenas en la búsqueda de fuentes de energía renovables.
Una mezcla de nanotubos rellenos de oro e hidruro de litio demostraron ser capaces de convertir directamente la radiación en electricidad y podrían desempeñar un papel relevante a la hora de abastecer naves espaciales en viajes largos.
Los nanotubos de carbono también se han cosiderado como parte de un plan para crear un nuevo tipo de fotosíntesis artifical. Los nanotubos actuan como almacén temporal de electrones, recolectados a partir de la luz. Estos se emplean más tarde en reacciones químicas para eliminar el dióxido de carbono de la atmósfera.
Sería incluso posible emplearlos para transformar en gas “de efecto invernadero” en combustible.
Además, dentro de este campo también se han investigado concienzudamente mejores diseños de baterías con el objetivo de dotar de una mayor potencia a los coches eléctricos, lo cual también depende de avances en nanotecnología, que permitan almacenar dispositivos químicos cada vez más efectivos en un volumen más pequeño.
El atractivo de la electricidad
Los diseñadores de chips de silicio se han adentrado en el campo de la nanotecnología durante muchos años, esto se puede ver en el diseño de los últimos chips cuyos componentes más pequeños poseen dimensiones alrededor de los 45 nanometros. Pero actualmente se estan observando impedimentos técnicos que no permiten reducir este tamaño, aunque la investigación se podría dirigir en la dirección de ofrecer un mayor rendimiento, dentro de esta escala.
Un material llamado grafeno, similar a una hoja plana de átomos de carbono (como se puede apreciar en la figura anterior) cuyo espesor es de un átomo, es un buen candidato para el objetivo anterior. En el 2008 se descubrió que posee unas características especiales en cuanto a conductividad eléctrica, para materiales a temperaturas ambiente.
Copiando a la naturaleza, otros científicos se han fijado en la estructura del ADN, el cual forma fibras de unos 2 nanometros. Su objetivo en un futuro no muy lejano es formar pequeños cables ópticos capaces de conectar los componentes de futuras computadoras mediante el envío de datos gracias a la luz.
Controles de seguridad
Pero este emocionante mundo de la nanotecnología no se refiere únicamente a los últimos descubrimientos. También es necesario asegurarnos de que vamos a poder usar estos materiales con cierta seguridad.
El alcance que pueda tener actualmente la liberación de nanopartículas al medio ambiente se encuentra ciertamente fuera de control, aunque los estudios siguen adelante. Se ha observado que las nanopartículas añadidas a tejidos como el de los calcetines, usadas para matar las bacterias, más tarde son liberadas al agua en el proceso del lavado. Similar ocurre con otros productos como cremas solares.
Estudios de laboratorio sobre los efectos en la salud de estas nanopartículas han mostrado resultados preocupantes. Un estudio mostró como ratones que inhalaron nanotubos sufrían efectos similares a aquellos causados por el asbesto. Otro estudio encontró que los gusanos de tierra que comian nanotubos sufrían una reducción en su índice de reproducción.
Por otra parte, afirmar una posición del tipo que todas las nanoestructuras artificiales son “malas”, tampoco es la respuesta, y tampoco decir que son “mejores” o “peores” que las diseñadas por la naturaleza.
2010 Horacio